Lc.4:1-13 // Hasta el mismo Señor fue probado por medio de tentaciones (Heb.5:8). La que más recordamos es la del evangelio de hoy, en la cual el mismo tentador se le aparece, se le presenta para hacerle caer en aquello que piensa podría resultar atractivo para Jesús. En primer lugar el alimento. ¿Por qué habría de pasar hambre aquel que lo ha creado todo? Toda carne, todo cereal, todo vegetal, toda agua, de la tierra y del cielo, son fruto de sus manos (Col.1:16). Él mismo, de las piedras, podría sacar sustento para ese cuerpo cansado y débil. ¿Para qué atormentarse? Y, sobretodo, y así es como actúa el tentador: ¿qué habría de malo en que lo hiciera?..
La gloria temporal. El Rey de reyes, ¿no podría gobernar este mundo a su antojo? Tenerlo todo y a todos sujetos a su voluntad. Pero sabemos quién es el príncipe de este mundo, es decir de todo lo visible, y el precio a pagar para alcanzar una efímera gloria terrena es muy alto. Bien lo sabemos por tantos y tantos personajes y famosos que a lo largo de la historia se han hecho un nombre en la tierra a costa de vender su alma y negarse el cielo. La fama, el poder temporal, está reñido con la gloria venidera, para la cual es necesario tener muy claro a quien servimos y cómo esto se hace desde la pequeñez, desde el anonimato y la sencillez.
Por último, como Hijo de Dios, Jesús bien podría haber expuesto su vida sin temor a perderla. Él es el Señor de la vida, la luz de los hombres. ¿Acaso iba a morir por dejarse caer desde lo alto del Templo? Ciertamente no, si es que Él no quería. Pero el Señor no vino a jugar con la encarnación, sino a someterla plenamente a la voluntad del Padre. Sabía bien que, llegado el momento, habría de darse por completo. Entregar su carne en sacrificio grato a Dios en reparación por los pecados de los hombres.
Siempre que desobedecemos los deseos de Dios nos ponemos en peligro. Nos exponemos a ser dañados, ya sea en el cuerpo, en el alma, o en ambos. Por eso es necesario caminar siempre cerca de Él, sujetos a su voluntad y a la de sus mandatos. No hacerlo así es tentarlo a Él, servir al demonio y alimentarse de lo que no conviene. ¿Te diste cuenta de que Jesús no dialoga con el tentador? Le contesta con contundencia por medio de las Sagradas Escrituras...
Hermanos, estamos en Cuaresma, que es un camino de acompañamiento a Cristo hacia la muerte, y muerte de cruz. Es tiempo de alimentarse de la oración y de la Palabra de Vida; tiempo de negarse a nosotros mismos, de hacerse pequeños en la carne para crecer en el Espíritu; tiempo de morir a nuestro yo para resucitar a la nueva y definitiva Vida. ¿Estaremos preparados? ¿Cómo llegaremos a la gloriosa vigilia Pascual? ¿Llenos de nosotros mismos o del todo muertos y sepultados en Cristo? ¿Acaso nuestro bautismo no nos señaló ya el camino que le corresponde transitar a todo cristiano? “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Ro.6:4).
Sigamos pues de cerca, ¡más que nunca!, a Jesús, en su subida hacia Jerusalén (la terrenal, para llegar después a la celestial). Crucemos el desierto de nuestras tentaciones y debilidades venciendo nuestras miserias con la oración y la penitencia. Jamás llegaremos a lo alto del Monte de Dios por nuestras propias fuerzas. Abandonémonos por completo en las manos del Padre, y pidámosle a María Inmaculada que nos acompañe hasta el Calvario. Ella conoce bien el camino…
“Vayamos también nosotros para que muramos con él” (Jn.11:16).
Amén.
AMP+

.jpg)
0 comentarios:
Publicar un comentario