El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 23 de febrero de 2025

Verdaderos hijos del Altísimo


   Lc.6:27-38// ¿Qué testimonio de vida das al mundo, a la gente no creyente con la que convives diariamente? En el trabajo, entre los amigos e incluso con los familiares que no creen en Cristo. ¿Por qué reconocen en ti a un cristiano? Seré más directo: ¿Pueden reconocerlo en ti?..

   Muchas veces creemos que afirmar entre no creyentes que el domingo por la mañana estuvimos en misa, o que hoy por ser viernes de cuaresma no comeremos carne, o que tal fin de semana no podré quedar con ellos por estar en un retiro espiritual, son testimonios poderosos…Permíteme ponerlo en duda. Y está muy bien que digamos la verdad y que no ocultemos, por vergüenza al “qué dirán”, cómo vivimos nuestra fe, pero, seamos francos, si tú estuvieras en su pellejo de no-creyentes, ¿te sentirías atraído por eso que dices? Es decir, tú que no vas a misa porque no crees en Cristo, ¿vas a ir porque escuchas que otro va? ¿O dejarás de entrenar los jueves por la tarde porque un creyente afirma que acude a “velar al Santísimo”...? 

  ¡¿Cuál es nuestro testimonio?! ¿Qué poder tiene? ¿Qué hay en mí que pueda decirle al mundo que seguir a Jesús es algo diferente a unas prácticas y costumbres concretas?

   (Hago aquí un inciso por si alguien empieza a dudar. Tenemos que ir a misa, alimento de nuestra fe, fundamento sobre el cual se construye nuestra vida diaria; la oración, la lectura y meditación de la Palabra de Dios, los retiros espirituales…Todo ello es bueno, santo y necesario para crecer en la vida de virtud. Pero todo esto es para los creyentes y quizás con ello animemos a un hermano tibio, algo alejado, a recobrar la senda de la fe. Pero, volvamos al testimonio que han de recibir los del mundo…)

   Como digo, no creo que marque la diferencia con alguien que no tiene fe. Es más, todo esto lo dará por hecho en ti que te llamas cristiano. Ahora bien, lo que también dará por hecho, será una manera de comportarse, de ser, de actuar ante las dificultades y situaciones de cada jornada. En medio del estrés, de la agitación, del enfado, del conflicto…También esperará de ti a un tipo de persona receptiva, que acoge, que escucha, que atiende, que perdona y no guarda rencor, que no rechaza a nadie y no gusta de críticas y murmuraciones contra nadie…También esperará de ti (¡de nosotros!) alguien que difícilmente pierde los papeles, que se enfrenta a los problemas sosegadamente, que medita y piensa antes de actuar…y también esperará de ti alguien con unas ideas y convicciones éticas y morales que chocan muchas (mu-chas) veces con la deriva que lleva este mundo.  Y eso es lo que hemos de ofrecerle al mundo, si es que en nosotros está ese “espíritu vivificante” del que habla San Pablo en (1Cor. 15:45-49). Claro, esto no es nada fácil, requiere de morir a nosotros mismos, al primer Adán, pero es lo que impacta en el mundo, lo que lleva a decir a los demás: es que él es cristiano. Y podrá resultar un testimonio más o menos atractivo para ellos (no esperemos que nadie caiga rendido a nuestros pies), pero al menos sí que mostrará algo de Cristo a los demás. Una brizna de su luz, de su vida, de su ser… "Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz" (Ef.5:8).

Enfoquémonos pues en lo que nos dice el Señor en el evangelio de hoy y nos mostraremos como verdaderos hijos del Altísimo. 


Que así sea.


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