El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

sábado, 14 de septiembre de 2024

El hombre de la Cruz


Jn.3:13-17// No hay un camino hacia la cruz; la cruz misma es el camino. Porque si cuando hablamos de “un camino” a lo que nos estamos refiriendo es a uno que me lleve a la salvación, entonces no hay otro. No existen los atajos. Estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida (Mt.7:13-14). El pueblo de Israel en el desierto, por causa de su pecado fue castigado con “serpientes abrasadoras”. ¿Cuál fue la salvación que les procuró Dios ante ese mal que les aquejaba? ¿Retiró inmediatamente a esas serpientes que les picaban? No. Sino que les dijo que quien mirara al estandarte que mandó hacer a Moisés sanaría. Ese estandarte, a modo de cruz, fue elevado por Moisés para la salvación de su pueblo. No les evitó el mal, les dio el remedio para su salvación (Nm.21: 4b-9). La cruz es inevitable en el camino de la salvación; por contra, prescindir de ella lleva siempre a la perdición. Mirar la cruz de Cristo es poner la vista en el medio propiciado por Dios para nuestra salvación. Cristo es la  propiciación por nuestros pecados ante Dios. En Cristo, le somos propicios (1Jn.2:2). Y es que todos hemos sido mordidos por la serpiente abrasadora, todos estamos aquejados del mal del pecado, del mal de la condenación. Abrazar ese madero, en el cual está el Cristo, y Éste crucificado (1Cor.1:23), es abrazar la vida. 
Es cierto, hemos de admitirlo, que abrazar la cruz, cargar con ella, aceptarla en definitiva, no es tan sencillo como decirlo. Requiere de una firme voluntad y de una adecuada actitud. Me explico. Todos cargamos cruces en la vida. Dios no nos las evitará (quizás muchas sí y no somos conscientes) pero aquellas que Él determine que nos son necesarias para nuestra salvación, aquellas con las cuales hemos de “morir crucificados”, nos vendrán, inevitablemente. Ahora bien. Mi actitud ante esas cruces, que son una única cruz en realidad, determinará si verdaderamente ésta redunda en mi salvación o en mi condena... Imaginemos que tenemos una debilidad por algo que sabemos que es pecado. No hablo de adicciones ni enfermedades, hablo de debilidad, fuerte si se quiere, pero de un deseo por algo ante el cual al final decido yo en plenitud de facultades, si cedo o no.  Ese mismo deseo pecaminoso, puede afrontarse como una cruz permitida por Dios en tu vida. Cada vez que me enfrento a ella de cara y la resisto (¡por amor a Cristo!) estoy cargando con mi cruz como verdadero hijo de Dios. Sin embargo, cuando cedo ante ese mal, dejo la cruz a un lado del camino y tomo el mío propio. Y ¿qué decir tiene de las desgracias personales? Verdaderas cruces que muchas veces hacen que nuestra fe se tambalee… Pero sin irnos a casos puntuales, pensemos en el día a día. En las cargas familiares, las responsabilidades laborales, la enfermedad, la preocupación por los tuyos y por cumplir con las obligaciones…Todas esas cargas pueden, y deben , afrontarse como parte del camino que nos lleva a la vida; como parte de esa cruz con la que nos toca cargar. Unos días pesará más y otros más que una carga parecerá que ella nos lleva a nosotros. Lo importante es no perder de vista que forma parte de nuestro regreso al Padre. Esa debe de ser la actitud. No pensar en que son males pasajeros necesarios ante los cuales sólo cabe resignarse. Esa actitud la tiene cualquiera. Sin embargo, ¡son parte de nuestro camino de salvación! Esa es la actitud verdaderamente cristiana.
Decir que creemos en el Unigénito del Padre es fácil. Hacer lo que Él nos enseñó, andar como Él anduvo (1Jn.2:6), seguir sus pasos, no lo es tanto. Y eso es lo que nos salva. ¿Creer en Jesús? Por supuesto. Fuera de la fe en Él no hay salvación. Pero no para dejarlo en una mera opción de vida, una decisión puntual,  sino para ser parte de Cristo, parte de Su Cuerpo. Se trata de desear verdaderamente tener parte con Él (Jn.13:8)…Miremos frecuentemente, junto con María, al hombre de la Cruz, ese Cristo llagado, elevado y colgado de un madero a modo de altar, que se ofrece al Padre por amor a sus hijos, para que éstos hagan lo mismo por amor a sus hermanos. Quizás sean esos los momentos en los que más podremos aprender acerca de la vida. Amén.

Que Dios os bendiga,

Iván.
AMP+

1 comentario:

  1. Hoy 14 de septiembre, esperaba a "El hombre de la Cruz"...Cuántos puntos que llegan hondo y "tocan" , ¡ay, ahí duele!
    Un abrazo agradecido, Iván.

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