El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 29 de septiembre de 2024

Pequeños en camino

   



   Mc.9:38-43; 45.47-48// “…echaba demonios en tu nombre” . Me recuerda a aquella ocasión en la cual le acusaban al Señor de expulsar demonios por el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios (Mt.12:24). La respuesta de Jesús en esa ocasión la recordamos todos: si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido. Por tanto, si aquel hombre al que vio los discípulos expulsaba al enemigo en el Nombre del Señor, es que era del Señor, pues actuaba conforme al mandato de Éste, trabajaba por Su Reino, obraba en favor del mismo bando. Ahora bien, ¿por qué dicen que se lo habían querido impedir? Porque pensaron que se trataba de algo exclusivo de los Apóstoles, algo propio de los discípulos que cada día lo seguían. Esto no era cosa de los “pequeños”, parecen querer decir… 

   ¿Quiénes son los pequeños en el pasaje de hoy? En esta ocasión no se trata de los niños, de los pobres, de los creyentes débiles en la fe…Se trata de un creyente, pues Dios obra a través de él, pero que no sigue de cerca al grupo principal. Se trata de alguien que parece gozar de lo que parecían ser privilegios de los doce: expulsar demonios en el Nombre del Señor.  Se me ocurren 2 grupos que podrían encajar en este contexto como “pequeños”: 

a) Por un lado los laicos, es decir todos aquellos que no formamos parte de la cúpula organizativa de la Iglesia, que no ocupamos ningún cargo, que no hemos recibido el Sacramento del Orden. En el momento en el que acontece este pasaje la organización jerárquica (si es que la había) era sencilla, pero sabemos que algún día requeriría de una mayor complejidad. ¿No estamos llamados a propagar el Evangelio, a hacer el bien en el nombre de Jesús, a actuar allí donde el espíritu nos lleve, el pueblo seglar, que configuramos la mayor parte del Cuerpo de Cristo? ¡Por supuesto que sí! “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…” (1P.2:9). 

b) Pero también podríamos considerar pequeños hoy, y no por ello dignos de rechazo o menosprecio, aquellos otros hermanos que viven “distantes”, alejados de nuestra Santa Madre Iglesia Católica (por diferentes motivos) y que creen, aman, esperan y adoran a un mismo Dios y Señor. ¡Con muchos errores! Dirán algunos. Por supuesto, no en vano están en camino hacia la verdadera Casa del Señor. Muchos de ellos son católicos ya, pues fueron bautizados y participaron de alguno de los sacramentos en su día, pero ahora no asisten ni forman parte de ninguna parroquia. Otros, en cambio, viven la fe desde otras confesiones cristianas. ¿No hacen ningún bien aquellos que sin asistir al sacrificio de la Misa propagan el Nombre del Señor? Piensa que sí. Por supuesto que cuanto más cerca estén de la verdadera Iglesia mejor harán, y su obra en el Señor será más poderosa y veraz.

   Consideramos pues el valor que tienen en la obra de Cristo todos estos pequeños, entre los que seguramente nos encontraremos tú y yo, y no pongamos obstáculos en su caminar hacia la plena verdad. Al fin y al cabo ese es el camino de todos, por mucho que unos estén más cerca que otros.  Sólo una advertencia, y término, pues no debemos confundirnos. No es un “pequeño en camino” todo aquel que dice Señor, Señor. Sabemos que no todos los que así hacen entrarán en el Reino. Sino que el cumplimiento de la voluntad de Dios determinará quién pertenece verdaderamente al Padre (Mt.7:21). Muchos emplean el Nombre en vano. Muchos lo hacen para engañar, para embaucar, para hacer negocio, formando congregaciones que arrastran a los pobres ingenuos hacia la perdición. Ni entran estos falsos pastores ni dejan entrar al pequeño rebaño. Su juicio está cerca. Otros, aún habiendo conocido la Verdad de la Iglesia de Cristo están en retroceso, alejándose en vez de acercarse más y más al Monte Santo de Dios. Pidamos por ellos para que cese su extravío y vuelvan pronto a casa.

   Hermanos, soy consciente de que nos hemos centrado en la primera parte del evangelio de hoy. Pienso que ya me extendí bastante así que lo dejamos aquí. Eso sí, recordad que se nos pide que seamos santos y no cometamos pecado, pues esa es la voluntad del Padre.  



   Que Dios te bendiga, 

   Iván. 

   AMP+






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