El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 4 de agosto de 2024

La obra que Él hizo.

 


   Jn.6:24-35// Decía ayer muy acertadamente uno de los sacerdotes de mi parroquia, que Cristo no había venido para que nosotros tuviéramos una vida libre de problemas, para que tuviéramos salud, trabajo y cosas por el estilo. Y es verdad. Cristo vino para que nuestra vida aquí apunte y trascienda hacia la vida allí, la del cielo, la definitiva. Y es que muchas veces tenemos y vivimos una fe anclada en el aquí y ahora, una fe que no es capaz de elevarse por encima de nosotros mismos para pensar realmente en lo que nos conviene. El paraíso no está aquí, no trates de buscarlo. Jesús no te va a dar una vida mejor aquí (hablo en términos humanos); pero sí te va a permitir vivir la vida terrena, humana, con todas sus dificultades y contrariedades, de una manera sobrenatural. ¿Por qué? Porque aprenderemos a relativizar las cosas. Eso en primer lugar. Y porque comprenderemos que lo que aquí nos acontezca y, más importante aún, la manera en la cual afrontemos y vivamos todo ello, tendrá su repercusión en la vida futura. Dice San Pablo que las aflicciones del presente no son nada en comparación con la gloria futura (Ro.8:18). Pongamos la mirada en el futuro, en la Vida con Cristo. Ese es el objetivo. No vivir bien aquí, lo cual por otro lado siempre es deseable; sino llegar a vivir con Él. 

   Todo el mundo, creyentes y no creyentes, sentimos en el fondo de nuestro corazón que después de la muerte hay "algo". Algo que se asocia al descanso y la paz. Claro que lo hay, la cuestión es que el acceso a ese lugar de reposo se comprometió gravemente por causa de la caída de Adán y Eva. Dicho de otro modo: no podemos alcanzarlo por nuestras propias fuerzas o deseos.  En consecuencia, y para reparar el daño hecho, Dios hubo de reconciliar consigo mismo el mundo, y esto por medio de Cristo. (2Cor.5:19). Por eso nos dice claramente el evangelio de hoy que la obra de Dios es: "que creáis en el que Él ha enviado". ¿Quieres prescindir de Cristo en esta vida? No vivirás con Él en la otra. No hallarás el descanso y la paz anheladas tras la muerte. La cuestión es así de clara. El que rehúsa creer, no verá la vida. (Jn.3:36).

   Hagamos pues caso al Apóstol y despojémonos del hombre viejo y su manera de pensar y de sentir, tan aferrado a lo material y a lo carnal; tan aficionado a las cosas de este mundo, ¡tan atado a él! (Ef.4:17ss). Ocupémonos en nuestra salvación (Flp.2:12) y trabajemos por el alimento que no perece. No consiste la vida en llenar el estómago, por más que esto es necesario, sino más bien en llenar el alma. Y si ya en tiempos de Moisés el Señor Dios, Padre de ellos y nuestro, les enseñó que el alimento verdadero les había de venir de arriba, más aún ahora que Cristo, muerto y resucitado, nos ha dicho claramente "Yo soy el Pan de Vida", no podemos desechar tan gran alimento: el manantial de la vida. 

   Terminaré diciendo, que difícilmente podremos vivir en el cielo con Aquel con el cual no quisimos hacerlo en la tierra; difícilmente podremos participar del banquete celestial si no quisimos gustar de aquel que se celebra en la Santa Misa;  difícilmente podremos afirmar que somos de Jesús, si no somos capaces de ver en el pan el Cuerpo y la Sangre de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. ¡Éste es el sacramente de nuestra fe! Aquel que anuncia su muerte y su resurrección , aquel que clama a los cuatro vientos: ¡Ven Señor Jesús! Es el signo de Cristo, la obra que Él hizo. 

   Que la Inmaculada  siempre virgen nos lleve de su mano hasta que alcancemos a comprender plenamente, y a vivir como se merecen, estos santos misterios. Amén.


Que Dios os bendiga,

Iván.

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