El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 21 de julio de 2024

Descanso para nuestra alma


  Mc.6:30-34// Cuando te embarcas en las cosas del Señor no sabes cuándo podrás parar, detenerte un instante…Porque la vida deja de girar al modo humano: trabajo-descanso-trabajo-descanso, para entrar en otra economía diferente, la del servicio y la disponibilidad constantes. Y he aquí que los Apóstoles, que habían sido enviados a proclamar las buenas nuevas del Evangelio, regresan llenos de entusiasmo. El Señor se lo ve en los ojos y desea que compartan con Él todo lo que traen, es decir, lo que han vivido: “Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco…” Han trabajado bien. Merecen un descanso. Y al llegar a ese lugar desierto para estar a solas, hete aquí que muchos otros, necesitados también de descanso, no del que ofrece el mundo, que siempre es de pago, no de ociosidad, ni de excesos, no de “desconexión” mediante la continua conexión a lo artificial, no de experiencias…Necesitados como digo del descanso de Dios, se agolpan a la espera de Aquel a quien aguardaban. Porque sabiendo que iba hacia allí, se adelantaron, ¡corriendo!, para recibirle.  Ovejas sin pastor que han descubierto que vivir sin guía, es malvivir, es poco más o menos un perder la vida. El Señor, al ver a ese rebaño tan sediento, tan hambriento de Él, no puede por menos que compadecerse y recibirlos; y atenderlos, sanarlos y alimentarlos con su palabra. ¿Y los discípulos? ¿Pudieron descansar o continuaron ocupándose de las cosas del Reino? (Mt.6:33). Pues ellos aprendieron aquello que decíamos al principio. Que cuando el Señor te emplea, los parámetros del mundo no valen. Se acabaron los cálculos y las falsas seguridades.  Aprendieron que el verdadero descanso, ese desierto y esa soledad necesarias para todo hombre están en Jesús, porque sólo acudiendo y permaneciendo en Él,   podremos hallar descanso para nuestra alma (Sal.62:5).


 Por tanto hermanos, no confundamos el descanso con el no hacer nada, o, peor aún si cabe, con perder el tiempo en cosas que no aprovechan. No hagamos del ocio un falso ídolo, haciendo girar toda nuestra vida en torno a él. El descanso santo es como el del precepto dominical (Ex.20:8ss), es decir aquel dedicado al Señor. Todo descanso ha de servir a Dios, glorificarlo, pues Él mismo descansó al séptimo día tras comprobar que todo lo que había hecho era bueno (Gen.2:2-3). Es por tanto un ponerse de nuevo en sus manos, dar cuenta de lo realizado y ponerse en disposición para lo nuevo que esté por venir. No se trata tanto de no-trabajar, sino de recuperar la senda adecuada, la  de hacerlo todo para Él (Col.3:23-24).


 Qué afortunada fue la bienaventurada Virgen María, pues ella gozó como nadie de la continua presencia del Hijo en su vida. ¡Anticipo del descanso eterno! Todo lo hizo en una presencia ininterrumpida del Unigénito del Padre. Tratemos de imitar  pues a la Inmaculada, y ya sea que trabajemos o que estemos de vacaciones, descansemos en el Señor. 



 Que Dios os bendiga,

 Iván.


 AMP+


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