El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 7 de abril de 2024

Sed testigos de la Resurrección

 

   Llevamos toda una semana leyendo acerca de los apariciones de Nuestro Señor Resucitado a sus discípulos. Era necesario que todos aquellos primeros testigos del Cristo dejaran atrás las dudas, los temores y la tristeza, como la que albergaban aquellos discípulos que, camino de Emaús, se lamentaban por la muerte de Jesús, como habiendo perdido toda ilusión y esperanza. De forma reiterada, y de diversas maneras, se les aparece, les habla, les enseña, les muestra su cuerpo glorioso, un cuerpo que mantiene las señales de su pasión y muerte (esas que necesitó ver Tomás para creer. Jn.20:25 ) y que además se sienta con ellos a comer...No, no es un fantasma o un espíritu, es el Hijo de Dios, con cuerpo de hombre, pero que no se somete a las leyes a las que están sujetos los nuestros. Totalmente libre, porque ha vencido totalmente al Mundo y a la muerte hacia la cual éste nos arrastra.

   Ser testigos de la Resurrección será por tanto condición indispensable para ser enviados a predicar el Evangelio de Jesucristo. Sin fe en la Resurrección de nuestro Señor no hay nada que predicar. ¿Qué saldríamos a anunciar a las calles? ¿Que un día nos visitó Dios hecho hombre, nos mostró una manera de vivir basada en el amor y la misericordia para con el prójimo, y que fue injustamente apresado, juzgado y castigado hasta la muerte? Todo esto, sin dejar de ser cierto, está incompleto. Y sin embargo es lo único en lo cual creen algunos. Ponen su esperanza en Cristo sólo en esta vida. Basar nuestra esperanza y salvación en la imitación de un modelo de vida ejemplar, como lo fue la de nuestro Señor, no sería suficiente. Seguiríamos muertos en nuestros pecados, seguiríamos condenados de por vida. Si Cristo no ha resucitado, tampoco nosotros lo haremos, y una vez muertos, habremos muerto para siempre. Y si lo muertos no resucitan, "comamos y bebamos que mañana moriremos". (1Cor.15:12ss). Ésta es la forma de vida, bajo este principio, a la que nos invita el mundo en el cual vivimos. Puesto que todo está por terminarse, "aprovecha el tiempo". Y yo me pregunto: ¿Qué es aprovechar el tiempo? ¿Disfrutar de los placeres de la vida? ¿Dar gusto a los sentidos? ¿Y qué nos quedará de todo aquello cuando estemos en el lecho de la muerte? ¿Un vago recuerdo de lo que algún día vivimos? Y eso si nuestra memoria no decide traicionarnos... No podemos ser tan necios e irresponsables. No al menos los llamados a ser testigos de la Gloriosa Resurrección de Jesús, acontecimiento que hemos de vivir primero en nuestra propia vida. La victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte es una conquista alcanzada por y para nosotros; para que nosotros mismos seamos también libres de esas ataduras mortales. Pues es el misterio de la Resurrección y la participación en él, lo que nos debe de hacer aspirar ya hoy a ser nuevas criaturas en Cristo. Unidos a su muerte mediante el bautismo y a su vida por medio de la fe en su Resurrección. Muertos al pecado, pero muy vivos para Dios y para Su Unigénito. Vivamos ya desde hoy como lo que somos en Él, más que vencedores (Ro.8:37), libres del poder del pecado (al cual plantamos cara, lo resistimos y cuando caemos nos levantamos por medio del arrepentimiento y de la confesión); y libres del temor a la muerte, pues sabemos que ésta sólo es la antesala de la Vida para todo aquel que cree.


¡Bienaventurados por haber creído sin haber visto!

Jn.20:29 




Que Dios os bendiga,

Iván.

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