El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

viernes, 29 de marzo de 2024

Había un huerto...

 


      El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara (Gén.2:15), como si de un huerto se tratase. Y será en ese jardín en donde se perpetraría el pecado original, aquella desobediencia que provocaría su expulsión del mismo para que labrase otra tierra, aquella de la cual había sido tomado (Gén.3:23). Si por causa de un hombre entró el pecado en el mundo y con él, la muerte del género humano, la Salvación vendría por otro, Jesucristo-Hombre (Ro.5:12ss), y para que esto aconteciera fueron necesarios dos actos de obediencia sublimes, dos entregas totales a la voluntad del Padre: del "hágase en mí según tu palabra" de la Inmaculada María (Lc.1:38), al "pero no sea como yo quiero, sino como Tú quieres" de Jesús en Getsemaní (Mc.14:36). Dos actos de obediencia necesarios para reparar la desobediencia de nuestros padres. Un hombre y una mujer que dicen sí a Dios para contrarrestar el "no" del primer hombre (Adán) y de la primera mujer (Eva). La humanidad habría de aprender el camino de la  obediencia por medio de la obedicencia del Señor (Heb.5:8), y esto aconteció en un huerto, como no podía ser de otra manera. Del jardín de Dios fuimos expulsados y nuestra reentrada al mismo habría de comenzar en otro jardín, un huerto cultivado por manos humanas, al otro lado del torrente Cedrón (Jn.18:1).

     Al huerto entraron Jesús y sus díscipulos, el Salvador y aquellos que creyeron en Su anuncio (Is.53:1). Y el mundo se opuso, como siempre ha hecho. Y subieron al huerto con sus falsas luces, "faroles, antorchas y armas" (Jn.18:3), como si éstas pudieran arreglar o iluminar las tinieblas que lo envolvían todo. Los mismo ocurre hoy en día. Ilusiones falsas que tratan de engañar a los hombres para que crean que todo está bien, que no hay necesidad de salvación y por ende de un salvador, más allá del mundo mismo y de quienes lo dirigen. "Y en cuanto llegó, acercándosele le dice Rabbí, y lo besó" (Mc.14:45). La consumación de una traición. Le llamamos Maestro y Señor, lo besamos y decimos seguir hasta la muerte, pero no podemos velar ni una hora junto a Él...(Primero lo mío y luego lo de Dios. Estaré con Él hasta que esto choque con mis intereses o me haga cuestionarme mi manera de ver y de vivir la vida). Diferentes formas de traición. ¿Acompañaríamos al Señor hasta la cruz, sacrificio cruento, si no somos capaces de acompañarle al altar, en donde cada día su Iglesia celebra el sacrificio incruento? "En verdad te digo que no cantará el gallo hasta que me niegues tres veces" (Mt.26:34).

      La Pasión del Señor comenzó en un huerto, en donde sufrió una tristeza que sí que verdaderamente llegó  "hasta la muerte". Tan intenso era su padecer que creía morir; y ese dolor le acompañaría hasta el final, su  muerte en la cruz. Fue intenso y fue duradero. Tanto como para sudar sangre; sangre, sudor y lágrimas, derramadas por un amor no correspondido. Porque a los suyos vino, y los suyos no lo recibieron (Jn:1-11). Y el Señor fue apresado, escarnecido, falsamente juzgado, brutalmente castigado y condenado a muerte. Todo ello perpetrado en una estrecha colaboración entre su pueblo, del que era Rey, y los gentiles, a los que también vendría a iluminar (Is.42:6). Unidos todos contra Dios y contra su Ungido (Sal.2:2). ¡Todos nosotros lo condenamos! Y por ello el Mesías murió, tras seis horas de crucifixión, de agonía, de asfixia y pérdida de sangre. A continuación, con rapidez, fue descolgado de la cruz para su entierro porque, "había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo en donde nadie había sido enterrado todavía..." (Jn.19:41). 


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      Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 

(Is.53:4-5)




Que Dios os bendiga,

Iván.

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