
1Jn.3:18-24; Jn.15:1-8// Existen iglesias de origen protestante en donde se predica desde el púlpito que "el que es salvo, es salvo para siempre". Dicho de otra manera, vienen a decir que si te haces creyente, por aceptar a Cristo en tu corazón, jamás puede haber vuelta atrás. Irrevocablemente estarás con Él en el cielo el día de mañana. Esta afirmación que, como digo, forma parte del credo de muchas iglesias evangélicas, choca con no pocas enseñanzas de la Palabra de Dios. Hoy nos enfrentamos a una de ellas, pues el Señor mismo nos está diciendo que hemos de permanecer en Él. No es necesario que se diga que para que alguien permanezca en un lugar, ha de estar ya en ese mismo lugar. Se presupone que esto es así. Por tanto, siendo como somos, sarmientos de la Vid que es Cristo por nuestra adhesión a Él por el bautismo, ahora se nos pide que nos mantengamos en dicha situación: como sarmientos de Dios. - Espera un momento...¿Estás diciendo que podría dejar de ser sarmiento?- "Al que no permanece en mí lo tiran fuera...".
El apóstol San Pablo insiste en la necesidad de perseverar en la fe. Veamos algunos pasajes:
- Hebreos 3:6 "En cambio Cristo, como Hijo, está al frente de la familia de Dios; y esa familia somos nosotros, con tal que mantengamos firme la seguridad y la gloria de la esperanza"
- Hebreros 3:14 "En efecto, somos partícipes de Cristo si conservamos firme hasta el final la actitud del principio"
- Hebreos 4:14 "...mantengamos firme la confesión de fe"
- Colosenses 1:22-23 "...habéis sido reconciliados para ser admitidos a su presencia santos, sin mancha y sin reproche, a condición de que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que habéis escuchado...
-1 Corintios 15:2 "...y que os está salvando (el Evangelio), si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano"
Y hay muchos más...
Aclarado esto, veamos como nos dice el Señor que hemos de hacer para permanecer unidos a Él, lo cual es imprescindible para dar fruto abundante y ser discípulo suyo (v.8):
a) Amando verdaderamente, con hechos y no de palabra (1 Jn.3:18). No olvidemos que todos los creyentes somos miembros de un mismo cuerpo, Su Cuerpo, y en consecuencia lo normal, lo natural, será que nos amemos los unos a los otros como miembros de la misma vid. Permaneciendo unidos como familia que somos, junto con todos los santos de Dios que se reúnen en su casa (Hch. 2:42ss.).
b) Guardando sus mandamientos (1 Jn.3:24), manteniendo su palabra en nosotros (Jn.15:7). La obediencia al Señor será fundamental. Sólo si caminamos conforme Dios nos enseña, verdaderamente mostraremos coherencia entre lo que decimos ser y lo que verdaderamente somos.
c) Manteniéndonos limpios, en estado de gracia, podados por el labrador (Jn.15:2). Dejando atrás el pecado y las malas costumbres del mundo en el cual vivimos. No nos dejemos seducir por ellas, pues si así hiciéramos, lejos de producir una uva buena, agradable a Dios, daríamos por fruto las obras de la carne. La oración, la lectura de la Palabra de Dios y el trato frecuente con nuestra Madre Inmaculada, son medios eficaces para mantenernos en esa limpieza que da frutos de salvación. Por supuesto, el sacramento de la penitencia será el medio más eficaz para "tranquilizar nuestro corazón ante Él, en caso de que nos condene nuestro corazón" (1 Jn.3:19-20).
d) Cuidando la presencia del Espíritu Santo en nosotros, sin entristecerlo (Ef. 4:30). Será precisamente ese Espíritu quien nos dé testimonio de nuestra permanencia, o no, en Dios (1 Jn.3:24). Escuchémosle, pues es el medio que Dios emplea para hablar a nuestras conciencias.
e) Y cómo no, alimentándonos de la savia de la Vid, que es el Cuerpo de Cristo, al cual hemos de permanecer unidos. Los sarmientos se alimentan por medio del tallo al cual están unidos, y eso redunda en una mayor unidad, en una mayor comunión con el resto de sarmientos.
Podríamos extendernos más, pero creo que lo fundamental de lo que quería exponer hoy ha quedado recogido. El árbol se conoce por sus frutos, y el cristiano no puede ni quedarse sin dar fruto, ni tampoco dar cualquier fruto.
Que Dios os bendiga,
Iván.
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