El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 21 de abril de 2024

La voz del Pastor

 


   Jn.10:11-18// Que nuestro Dios es nuestro Pastor Supremo es indudable. Lo leemos en las lecturas de hoy y en tantos otros lugares de la Escritura (Sal. 23:1; Sal.100:3...). Las preguntas que podemos plantearnos hoy son:  ¿cómo me llega a mí la voz del Pastor? ¿Cuáles son los pastores que me llevan o guían día a día por el camino de Jesús? ¿A qué parroquia pertenezco? ¿Quién es mi confesor? Podría parecer que estas preguntas están fuera de lugar porque al fin y al cabo "el Señor conoce a sus ovejas y sus ovejas lo conocen", pero no se trata de algo banal. 

   Todos hemos asistido a homilías que nos han hecho pensar que el sacerdote no ha estado del todo acertado, por decirlo de una manera educada. Y en otros casos, más frecuentes seguro, simplemente el mensaje no te ha aportado nada. Si fuera este último el caso, la cosa no es tan grave, el problema es dar por bueno lo que no lo es, dar por cierto lo que sabemos que no lo es en absoluto. Supongamos que alguien sube al púlpito a predicar en contra de algún aspecto de la doctrina de la Iglesia, quizás no de forma evidente, pero sí suficiente para que vaya calando el error. Y muchas veces el error no es otro que  el de rebajar la gravedad del mensaje del Evangelio. Descafeinarlo, aligerarlo, hacerlo asumible por una mayoría, agradable, casi "amigo" del mundo. Quien así predicase parecería ser un buen pastor. Un sacerdote moderno, amigo de todo y de todos, un "cura guay". Y ese pastor, porque todo sacerdote lo es, podría, lejos de acercarnos al Único y Verdadero, ponernos en un camino que nos alejase de Él. Ese pastor bien podría ser declarado un asalariado al cual no le importan las almas de las ovejas. Y lo mismo podría ocurrir con algunos movimientos y "carismas" de la Iglesia. Y qué decir tiene de aquellas personas que tratan de seguir a Jesús conforme a sus propias creencias, a su modo...Todos ellos podrían ser más bien caminos de perdición. 

   Estos días atrás la liturgia de la Palabra nos ha insistido en que Jesús es el Pan de Vida (Juan cap.6). Hemos podido comprobar como esas palabras suyas en las cuales dice que hemos de comer su Cuerpo y beber su Sangre, fueron motivo de escándalo para los judíos e incluso para muchos de sus seguidores. ¿Debería el Señor haber rebajado el tono de sus sentencias? ¿Faltó a la caridad al comprobar que lo que decía no podía ser asumido por la mayoría? ¿Corrió tras ellos para darles un mensaje diferente? ¡No! Porque sus palabras son palabras de Vida Eterna, que proceden del Padre. El mensaje no puede ser tergiversado en favor de una búsqueda desesperada de agradar al oyente, y si predicar el verdadero Evangelio provoca el rechazo del mundo y el abandono de algunos de sus seguidores, que así sea. El mandato es a propagar la Verdad; la conversión o no de las almas que lo escuchen, sólo compete a Dios. 

   Hermanos, no nos relajemos. No seamos cómodos en las cuestiones de la fe. ¡No se asiste a un grupo o a una parroquia por mera proximidad, ni porque allí lo vean todo con buenos ojos! Formémonos, leamos a los Santos que nos han precedido en el camino de la fe, meditemos la Sagrada Biblia y, sobretodo, sigamos al Señor con la ayuda de aquellos pastores suyos que verdaderamente nos hacen ser más perfectos cada día, que nos empujan a cuestionarnos acerca de nuestra fidelidad al Señor, aquellos que no dudarán, como verdaderos padres, en decirnos dónde nos equivocamos y qué es lo que está mal en nuestra propia vida. Por medio de éstos sí que podremos escuchar la voz del Pastor, porque dan cada día la vida por sus ovejas.



   Que Dios os bendiga,

   Iván.

   AMP+ 

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