El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 10 de marzo de 2024

Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios

 


   Lecturas de hoy: Ef.2:4-10;  Jn.3:14-21 // Cuando vino Jesús al mundo, éste se alegró porque nos había sido dado un Salvador. Sin embargo, siendo estrictos, podemos afirmar que el nacimiento en sí, la Natividad de nuestro Señor, no obró (en sí misma) la salvación del género humano. No bastó con la Encarnación, aunque por supuesto fue absolutamente necesaria, como antes de ésta, fue precisa la Inmaculada Concepción de la que habría de ser su Madre...Pasos que se habían de dar para llegar al sublime desenlace final al que todo lo anterior iba providencialmente dirigido: la Crucifixión y muerte del Hijo de Dios. 

   Hoy es un domingo de alegría. "Laetare". ¡Alégrate, Jerusalén! ¡Regocijaos los que estuvisteis tristes para que exultéis! (Is.66:10). Alegría porque nuestra redención está cerca, cerca de los que la anhelan, cerca de los que la desean, cerca de los que están arrepentidos porque saben que la necesitan. Empleando los personajes de las parábolas empleadas por el Señor en las últimas semanas: cerca de los pecadores, cerca de los ciegos que son conscientes de que no ven, cerca de lázaro (el mendigo), cerca del publicano que en el templo era despreciado por el fariseo...

   Los pasajes que hoy nos ofrece la liturgia (están en Efesios cap. 2 y Juan. cap.3) constituyen la clave misma de todo el Evangelio. ¡Bastarían para evangelizar a todo el orbe! Y es que nos explican a las claras, no sólo cómo Dios nos salva, sino también como podemos beneficiarnos de esa redención. Son pasajes que todo creyente ha de tener meridianamente claros. Y nuestro Dios, que es un gran pedagogo, ya había adelantado la manera en la cual habríamos de salvarnos. Nos lo enseña con Abraham e Isaac (Gén.22:1ss); con Moisés, al cual le sostenían los brazos, a modo de cruz, para que Israel venciera a los amalecitas (Éx.17:11-13); y de nuevo con la serpiente elevada en el desierto, a la cual habían de mirar los afectados por la picadura de las serpientes ardientes (Nm.21:4-9). 

   Hermanos. Conocido es por todos que el género humano recibió la mordedura mortal del pecado por medio de la serpiente antigua desde el comienzo de la creación. De manera que nadie está libre de la maldición que desde Adán pesa sobre los hombres. Que miremos al Crucificado no es una opción, sino el único camino posible para la salvación de nuestras almas. Es eso, o la condenación eterna. Vivimos en un mundo en el cual cada día hemos de mirar con buenos ojos (o así se nos impone) formas de vivir, opciones de vida, que sabemos llevan a la condenación, a la perdición de las personas que optan por esas sendas. No, el camino de la Cruz no está de moda, no es atractivo, es "exigente, feo, anticuado y radical " dicen...Cuando de la vida o la muerte eternas se trata no valen las medias tintas. No sirven las tibiezas (Ap.3:16). Dios nos regala (¡es por gracia!) la Salvación por medio del sacrificio en la Cruz de su Único Hijo (Jn.3:16), con tal de que por la fe en Él, vivamos una vida que le glorifique cumpliendo con las buenas obras que de antemano Él dispuso que practicásemos (Ef.2:10). 

  Alégrate por tanto, porque ésta es la buena nueva, éste es el Evangelio Jesucristo, Hijo de Dios (Mc.1:1). 


   Que Dios os bendiga,

   Iván.

   AVP+


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