Mc.1:12-15 // 80 días fueron los que tuvo Phileas Fogg, personaje de Julio Verne, para dar la vuelta al mundo. Los de mi generación recordaremos con mucho cariño aquella serie de dibujos animados hispano-japonesa llamada La vuelta al mundo de Willy Fog. Una serie atractiva tanto para pequeños como mayores, llena de valores, enseñanzas y carente de ideología y sin maldad alguna. Vamos, de las que ahora no se hacen...Pero vayamos al tema que nos ocupa hoy, porque no fueron 80 los días que permaneció Jesús en el desierto, ni dar la vuelta al mundo era el objetivo, sino realizar otro viaje bien diferente. ...
El Evangelio de hoy se encuentra enmarcado entre dos acontecimientos de gran importancia: el bautismo de nuestro Señor y el llamamiento de sus primeros discípulos. Además, en apenas 4 versículos, se nos proclaman dos acontecimientos: Jesús es tentado en el desierto, e inicia su predicación. Hablaremos hoy tan solo del primero de ellos.
El Evangelio de hoy se encuentra enmarcado entre dos acontecimientos de gran importancia: el bautismo de nuestro Señor y el llamamiento de sus primeros discípulos. Además, en apenas 4 versículos, se nos proclaman dos acontecimientos: Jesús es tentado en el desierto, e inicia su predicación. Hablaremos hoy tan solo del primero de ellos.
Sabemos que Jesús fue al desierto tras recibir el bautismo, tras "cumplir con toda justicia" (Mt.3:15), es decir la plena identificación con la humanidad a la que venía a redimir. Y es el espíritu el que lo impulsa, pues es voluntad de Dios el que así sea. Forma parte del itinerario que ha de recorrer el Hijo del Hombre. En el desierto no hay nada, más allá de las fieras. ¿A quién podemos encontrarnos por aquellos parajes? Sólo a nosotros mismos, al demonio y a Dios. Y es que el Señor tenía que ser tentado, y con ello comprobar de qué manera la humanidad es probada cada día en la carne. Por supuesto que Jesús no pecó (Heb.4:15) pero le era necesario conocer, no al dios, sino al hombre que ahora también era. Un hombre de carne y hueso, que sufre, padece, se deja engañar fácilmente por los sentidos y los anhelos de ser más grande; de conquistar el mundo y dar rienda suelta al placer, aunque para ello haya de vender su propia alma (Mt.16:26). Y Satanás lo visitó, aunque Marcos no se detenga demasiado ello, y se fue "con el rabo entre las piernas". No sería la última vez que el "padre de la mentira" intentara truncar los planes de Dios, algo del todo imposible. El viaje de Jesús no puede medirse en kilómetros, como el de la novela, sino que fue un viaje interior, de 40 días, como los días que pasó Moisés en el monte santo, montaña a la cual retornaría siglos después el profeta Elías, tras vagar por el desierto...¡40 días! (1Re.19:1ss). Un viaje para conocerse, para probarse, un viaje preparatorio, un viaje de comunión con el Padre. Para Jesús, quizás se trató más de conocer al hombre que verdaderamente era; en nuestro caso, los 40 días de cuaresma en los cuales nos encontramos inmersos son más un itinerario para caminar con Dios, para encontrarnos con Él, para conocerle más. Y en esa búsqueda interior hallaremos mucho de aquello que no nos gusta, nos encontraremos a nosotros mismos: Pecado, resentimiento, amargura, faltas mal o poco enmendadas, deudas "espirituales" mal saldadas, rencores, restos de vicios pasados, falta de obediencia y exceso de reproches a Dios...Para colmo, el tentador nos visita y obtiene, en no pocas ocasiones, su botín. ¡Qué diferente nuestro interior con el de Jesús!..
Toda la vida del Señor es preparación para su Pasión y muerte. También lo fueron las tentaciones del desierto. En consecuencia, podemos afirmar que toda nuestra vida ha de ser preparación para su desenlace final. Lejos de perder el ánimo al comprobar las muchas veces que nos hemos salido del camino a lo largo de lo que llevamos recorrido, confiemos en que el que permanece en Cristo llega siempre , así como Noé y los que le acompañaron, salieron indemnes del diluvio y contemplaron el arco de la Alianza de Dios. Lo importante es permanecer dentro del Arca, es decir con Cristo, porque si estoy en Él, a través del bautismo y siendo fiel a la Alianza a la cual pertenezco por medio del mismo, entonces estoy íntimamente ligado a Su vida, muerto con Él y resucitado en Él. Allí donde yo no llego, ¡ya llegó Él por mí! Además, contamos con la certeza de que sigue actuando en nuestra vida, nos sigue perfeccionando, hasta que llegue el día, cuando Él se manifieste, en el cual seremos semejantes a Él (1Jn.3:2).
Sigamos por tanto preparándonos durante esta cuaresma, con ánimo sobrenatural y esperanzas renovadas, pues es preparación para la muerte y resurrección de Nuestro Señor, itinerario de nuestra propia vida, camino abierto por Cristo para que lo recorramos libres de temor y plenos en el amor ( 1 Juan 4:17).
Sigamos por tanto preparándonos durante esta cuaresma, con ánimo sobrenatural y esperanzas renovadas, pues es preparación para la muerte y resurrección de Nuestro Señor, itinerario de nuestra propia vida, camino abierto por Cristo para que lo recorramos libres de temor y plenos en el amor ( 1 Juan 4:17).
Que Dios os bendiga,
Iván
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¡Gracias, Iván!
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