El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 25 de febrero de 2024

Hacia la meta

 

   
   Mc.9:2-10 // Cuando emprendemos una aventura, o una carrera de larga distancia (personalmente he sido aficionado a este tipo de pruebas, ya sea en bici de montaña o a pie) en la mente se dibuja una constante que nos hace mantener el paso, sin mirar atrás.Y esa imagen no es otra que la de la llegada a meta.No hablo de quedar en tal o cual posición, hablo del placer, el éxtasis, el gozo, aun con el cuerpo molido, de haber terminado, de haber llegado al final, de haber cumplido con lo propuesto, de haber, en definitiva, terminado el trabajo, cumplido el objetivo. Esto que os cuento, que no describe más que el desenlace de algo humano, terrenal, sin mayores implicaciones que las de la realización personal, sí que de alguna manera puede servirnos como imagen de la vida cristiana. Y es que al igual que al buey que trilla no se le debe de poner el bozal (Dt.25:4), pues necesita saber que podrá comer cuando termine de trabajar, de la misma manera tenemos que tener una meta en la vida, una finalidad, un desenlace, algo mayor que todo lo que hayamos podido ver o sentir mientras teníamos los pies sobre esta tierra. Algo, en definitiva, a lo que aspirar y por lo que levantarse cada día. Es un anhelo humano. Nos viene de serie. Dios lo puso ahí, aunque muchos se empeñen en negarlo...

   En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia (Mc.9:1). Y de eso se trata el pasaje de hoy, de que Jesús les muestra a algunos de sus discípulos un anticipo de la gloria que les espera junto a Él. Y todo esto acontece poco después del primer anuncio de su pasión y muerte. Consideró por tanto Dios apropiado que Pedro, Santiago y Juan, columnas dentro del incipiente grupo de discípulos, gustaran de un "pedacito" del cielo. Para ellos fue una revelación cuasi privada. De ella no podrían dar cuenta hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Otro misterio para ellos. Pero no importaba, porque habían estado allí donde es bueno estar, como dijo Pedro. Un lugar donde querer permanecer, de ahí el deseo de hacer tres tiendas, para quedarse...

   Pero todo ello no duró más que un instante, no fue más que una pequeña pincelada de lo que implicará para todo siervo fiel,  el entrar en el gozo de su Señor (Mt.25:23). Además de todo lo dicho, el encuentro resultó de lo más revelador. En primer lugar porque se confirma una vez más, que estamos tratando con un Dios de vivos y no de muertos, y que aquellos que lo ponen en duda están muy equivocados (Mt.22:23). Junto a Jesús aparecen Moisés y Elías; la Ley y los Profetas; y el Cristo, en medio de ellos, con vestiduras blancas, como resucitado, en su gloria. El Hijo amado, a quien Dios dice que se ha de escuchar, es el cumplimiento de toda ley divina y de toda profecía. En Él reside corporalmente toda la plenitud de la deidad (Col.2:9).

   ¡Esa es nuestra meta! Esto es lo que debe de dar color a nuestra vida. Una vida cargada, muchas veces, de monotonía, de sinsabores y de no pocas contrariedades. En donde muchas veces no entenderemos, ¡como los discípulos no entendían! Pero en donde lo importante será bajar del monte con Él, para seguir nuestro camino, y seguir subiendo cuantos nuevos montes se presenten, para vivir mayores revelaciones o recibir reveses más fuertes. Poco importará. La meta está allí, al fondo, gloriosa, llena de luz, el Señor aguarda con vestidos de un blanco deslumbrador, sentado en su trono, alto y sublime, y la orla de su manto llena el templo (Is.6:1). Y a su lado está la Reina...la Inmaculada. ¿A qué más podemos aspirar? ¿Acaso existirá algún trabajo merecedor de tan alto galardón? No. Ninguno. El gozo que nos espera es incalculable, y por ello, sólo hay una opción a contemplar en la vida: la de olvidarse de lo que quedó atrás y lanzarse hacia lo que está por delante, corriendo hacia la meta, hacia el premio, al cual nos llama Dios desde arriba en Cristo Jesús (Flp.3:14). Amén.


   Que Dios os bendiga,

   Iván.

   AMP+  

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