El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 21 de enero de 2024

Se ha cumplido el tiempo


   Mc.1:14-20// Jesús toma el relevo de la predicación de Juan cuando éste es detenido, y lo hace en los mismos términos: llamando al arrepentimiento y a la conversión, como hiciera Jonás antes por la ciudad de Nínive, y tantos otros profetas. ¡Arrepentíos! ¿Y por qué arrepentimiento? Porque se ha cumplido el tiempo. Porque es el momento de creer el anuncio de nuestra salvación, de creer en el Evangelio. Y esta noticia será acogida como verdadera buena nueva siempre y cuando aceptemos que nuestra alma está en peligro, es decir, que necesitamos ser salvados. Todos, grandes y pequeños, desde el más importante al menor (Jon.3:5). ¿Y qué dice el Evangelio, sino que gracias al amor que Dios le tiene al hombre nos ha sido concedido un medio de salvación: Jesucristo Hombre? (Jn.3:16). Y esto, a pesar de que estábamos muertos en nuestros pecados (Ro.5:8). Esa salvación viene a librarnos de la esclavitud a la que estamos sometidos, de las ataduras del egoísmo, del hedonismo, del servicio a uno mismo...Viene a librarnos de la indiferencia con las cosas de Dios, de la ausencia de una vida que aspira a la verdadera trascendencia, la del Dios Padre revelado por Jesucristo (Jn.14:19). ¡Basta ya de servirnos a nosotros mismos; basta de caminar como el mundo camina, con sus modas, con sus engaños, con sus falsas ideologías que atentan contra la vida, la dignidad y la naturaleza del ser humano! Vivamos ya como dispuestos al fin, porque el tiempo apremia (1Cor.7:29ss). 

   A continuación, Jesús comenzará a "pescar" discípulos, hombres sencillos que son capaces de dejarlo todo al escuchar su llamado. No siempre es fácil responder al llamado del Maestro. El mundo a menudo nos tiene muy atrapados, porque nos quiere suyos, y nos enreda con placeres, distracciones, formas de bienestar, falsas esperanzas y maneras cómodas de afrontar la vida, que pretenden contentar más bien a los apetitos de la carne que a los del espíritu...Pero no es momento de quedarse en la barca del mundo repasando sus redes, sino de levantarse sin mirar atrás y atender a la llamada de Jesús. 

   Levantemos el alma al Señor, hermanos; confiemos en Él; esperemos en Él, sabiendo que los que así hacen no quedan defraudados. Pidámosle que nos enseñe sus caminos y nos instruya en sus sendas (Sal.25:1-4). Amén.


Que Dios os bendiga,

Iván.

AMP+


0 comentarios:

Publicar un comentario

Buscar este blog

Con la tecnología de Blogger.