El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 3 de diciembre de 2023

La espera (Mc. 13:33-37)


   Hoy celebramos el primer domingo de Adviento. Hoy, en nuestras parroquias y en nuestras casas encenderemos la primera vela que anuncia que se acerca el día de nuestra redención. El día del nacimiento del Salvador: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo..." (Comienzo del Benedictus de Zacarías, Lc. 1:68 ). Sin embargo, la lectura de hoy del Evangelio, lejos de hablarnos del nacimiento de Jesús, nos advierte de Su segunda venida. El Señor volverá. Así se lo dijeron los ángeles a aquellos galileos atónitos que contemplaban Su Bendita Ascensión. (Hch. 1:11). La primera venida del Señor fue para llamar al arrepentimiento y anunciar el perdón de los pecados por medio de Él; la segunda venida, sin relación ya con el pecado, se producirá para salvar a los que en Él hayan esperado (Heb. 9:28). Y de eso vamos a hablar hoy: de la espera.

¿Cómo esperas tú al Señor? Insisto, aunque la Navidad celebra un acontecimiento ya pasado, lo cierto es que hemos de vivirla como preparación y anuncio de un acontecimiento futuro, el de Su segunda y definitiva venida. ¿Cómo nos hallará? ¿En qué estado estará nuestra alma? ¿Habremos rendido los frutos esperados, frutos que son consecuencia de Su Redención? Es bonito y bueno celebrar con alegría e ilusión la llegada de estos días, pero mejor aún lo es siendo conscientes de lo que se está celebrando. Porque Aquel a quien celebramos, Aquel a quien llamamos el Salvador del mundo (¡que lo es!) vino a entregarse por nosotros; vino a morir por nosotros. Esto es algo que no podemos olvidar. Cuando veamos a aquel pequeño que descansa en un pesebre, pensemos: Éste, que no es otro sino Dios mismo, ha venido a morir por mí; a morir en mi lugar...

Está bien que el mundo se vista de gala para celebrar este acontecimiento, del todo universal, pero mejor sería que el mundo entero supiera como vestirse interiormente. Sólo meditando esta verdad anunciada, podremos preparar nuestro corazón para Su segunda venida, que será gloriosa para algunos y del todo catastrófica para otros. Os aseguro que cuando Él vuelva ya no habrá luces de colores, no habrá cánticos ni cotillones. Él viene a por lo que es suyo. Vendrá y nos reclamará: 

- ¿Qué hiciste con la Salvación que te propicié? (Ef. 2:13)

- ¿Qué hiciste con esa nueva vida que te procuré? (2 Cor. 5:17) 

- ¿Te apartaste definitivamente del pecado? (1Jn. 3:5ss.) 

- ¿Peleaste contra el tentador? (Stg. 4:7)

- ¿Has librado la buena batalla? ¿Has guardado la fe? (2 Timoteo 4:7). 

- ¿Has estado en vela o te has dormido? (Mc 13:36) 

- ¿Has hecho penitencia o te has dedicado a los placeres de la vida? (Ro. 13:12-14) 

- ¿Te has apartado de la impureza del mundo o te has contaminado con él? (1Tes. 4:3; Stg. 1:27) 

- ¿Has servido al prójimo o te has servido a ti mismo? (Mt. 25:31ss). 

- En definitiva, ¿has caminado conmigo hasta el fin, o sólo aceptaste de mí aquello con lo que comulgabas? (Juan 6:66). 

Por todo ello hermanos, es imperativo que no nos dejemos engañar fácilmente por el festival de luces, de música y de color con el que el mundo querrá engatusarnos haciéndonos presa de él, para que olvidemos la gravedad de las cosas, y nos arrojemos a un consumismo desaforado. La instrucción del Señor es clara: manteneos espiritualmente despiertos, activos y en oración constante. No sea que su llegada, ¡la definitiva! nos coja dormidos. 


Que Dios os bendiga. 

Iván.

 AMP+






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