El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 24 de diciembre de 2023

La espera IV (Lc.1:26-38)

 


¡El tiempo pasa volando! De ello nos lamentamos continuamente. Pues fijaos, esta "semana" del Adviento tan sólo tiene unas horas pues siendo hoy el cuarto domingo, en el cual encendemos la última vela, es también Nochebuena. Y en este día la liturgia de la palabra nos vuelve a llevar al momento de la anunciación. Sobre este relato ya meditamos hace muy poco, y sobre el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista, y sobre la visitación de María a su prima Isabel...Pero unas horas antes de la Navidad volvemos de nuevo a este instante: el misterio de la Anunciación.

En la Sagrada Escritura hay muchos momentos en los cuales al recordarlos deberíamos hacer una larga pausa, para meditar en lo que acontecerá a continuación. Hacer como si no supiéramos la respuesta de sus protagonistas; como si nunca antes lo hubiéramos leído. Uno de ellos, quizás el más importante de todos, es el tiempo que transcurre entre el anuncio del ángel Gabriel y la respuesta de María, la doncella de Nazaret. Te invito a leerlo haciendo esa pausa:

- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María contestó: 

¡Quieto! No respondas por ti mismo, pues conoces la respuesta sobradamente. Tenemos que centrarnos en las consecuencias de la misma. En este instante se le está revelando a María el misterio mantenido en secreto durante siglos eternos (Ro.16:25). Tú eres aquella virgen que concebirá al Emmanuel, al Dios con nosotros, conforme fue anunciado por el profeta Isaías siete u ocho siglos antes (Is.7:14). Ella se da cuenta de lo que le ha tocado en suerte, pues de ninguna manera es ajena a la salvación que esperaba su pueblo, ni ajena era a las profecías. ¿Ella? ¿María? ¿La joven de Nazaret? Pero, ¿no es ésta la hija de Joaquín y de Ana? Sí, aquella niña buena que a todos ganaba en bondad, en humildad, en sencillez, en generosidad, en prudencia y caridad...¡No temas María! (Lc.1:30), ¡y que nadie se escandalice! Más bien, calle el orbe entero.  Pues de la respuesta de esta muchacha dependerá nuestra redención, la venida de Cristo el Salvador, Aquel que será signo de contradicción, y que hará que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones (Lc.2:34-35). La respuesta que nosotros demos en vida ante este Niño, será determinante de cara a nuestra eternidad, de cara al lugar donde pasaremos el resto de nuestras vidas, no ésta, que no es sino "una mala noche en una mala posada" (Santa Teresa de Ávila) sino la definitiva. Pero, ¡basta! Ha llegado la hora...


«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»




Feliz Navidad hermanos,

Iván.


AMP+


0 comentarios:

Publicar un comentario

Buscar este blog

Con la tecnología de Blogger.