El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

lunes, 23 de octubre de 2023

Llenando el granero (Lc. 12: 13-21)


   

   "¡Profe, profe, es que no me lo da!" Cuántas veces escucho esto en el colegio, ¡y en mi casa! Antes trataba de mediar en todos esos conflictos que se producen a diario entre mis alumnos, o entre mis hijas... Sin embargo, me he dado cuenta de que en la mayoría de los casos, salvo que el asunto adquiera tintes violentos, es mejor. . que lo resuelvan entre ellos. Además, así aprenderán a gestionar dichas situaciones. "Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?". (v.14).

   Uno de los hermanos quiere del dinero que ha heredado el otro. Entendemos que el conflicto surge por la negativa de este último a compartirlo con el primero. Se trata por tanto de una disputa familiar de lo más común y triste, provocada por las herencias; provocada por el dinero; causada por la codicia...Somos codiciosos. No nos conformamos con lo que tenemos. Nunca nada nos parece suficiente. Esa es la triste realidad que acompaña a nuestro ser: la insatisfacción. 

   No conformarse con poco está bien. Lo importante es tener claro qué es aquello de lo cual deseo tener más. El hombre es inconformista. Así nos ha hecho Dios. ¡Es lógico! Aspiramos a la trascendencia, aspiramos a Dios. Esa es la verdad. Como también lo es que nunca estaremos del todo satisfechos hasta que no estemos en Su bendita presencia. Sólo allí será todo anhelo colmado, toda aspiración alcanzada, toda hambre y sed saciadas, y toda justicia impartida... Pero mientras caminemos en esta tierra no podemos buscar donde no es, ni perder la paz, el tiempo y la vida deseando nuestro enriquecimiento. . personal. Y son muchas las almas que se pierden por el deseo de ser, de sentir o de tener más.

   ¿Cuándo nos daremos cuenta de que querer siempre más nos hace profundamente infelices? Más dinero, más viviendas, más ropa, más gustos, más belleza, más musculatura, más salud, mejor condición física (fíjense que no sólo me centro en lo puramente material) más viajes, más experiencias, un mayor reconocimiento y notoriedad... Todo esto es búsqueda de riqueza personal, es llenar el granero del YO. Y esto es fruto de una codicia desmedida que jamás podrá darnos, ni la paz, ni una felicidad plena.

   El hombre de la parábola planteada por Jesús ya tenía suficiente para vivir. Ya era rico. Sin embargo, el hecho de que sus tierras produjeran una gran cosecha se tradujo en una nueva preocupación para él: "¿Qué haré?" (v.17). Y decide seguir almacenando. Derribar y construir de nuevo para almacenar MÁS. Su  prosperidad económica no es mala en sí misma. Lejos de mí el criticar a aquellos empresarios que de manera honrada y justa son capaces de generar riqueza, riqueza que se traduce además en empleo para millas de personas y que pueden decididamente contribuir a la prosperidad de las naciones. La cuestión es que si para nosotros una vida plena consiste en dar contento a todo aquello a lo que aspira nuestro corazón, y esto a lo que aspira no es Dios, jamás estaremos satisfechos . Si nos ocupamos de nosotros mismos y no descansamos hasta alcanzar aquello a lo que el mundo no cesa de decirnos que hemos de aspirar, jamás seremos felices, es más, seremos unos pobres miserables.

   En ocasiones les digo esta frase a mis hijas:   cuanto más, peor . O como se acostumbra a decir ahora en contextos de entrenamiento deportivo: menos es más. Y todo ello porque el granero de nuestro corazón no debe de llenarse de nosotros mismos, sino más bien irse vaciando para dejar espacio a Dios.


"Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto." 

 1 Timoteo 6:8



  

    El Señor les bendiga,


    Iván. 

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2 comentarios:

  1. Ha estado genial.Me encanta como explicas las cosas haces que las entendamos mejor.

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