El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

sábado, 19 de abril de 2025

Jesús ha muerto

  



   Jesús ha muerto. El novio nos ha sido arrebatado. Aquel que se decía a sí mismo Hijo del Altísimo, y que venía a reinar sobre todos y sobre todo, fue castigado por el poder militar y político que gobernaba en la Jerusalén de dos mil años atrás, alentado por el poder religioso y un pueblo que se dejó arrastrar por los gritos, la algarabía, el espectáculo, la sinrazón y el desenfreno. ¿A quién pensaban que servían todos ellos en esa orgía de golpes, latigazos y desprecios? ¿Al Dios Altísimo? ¿Al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? No. De ninguna manera. Ellos rendían culto al becerro de oro. Una vez más. Y desechando al Hijo, desecharon definitivamente al Padre…

  “Si eres el Hijo del Hombre, sálvate a ti mismo”. Se atreven a decirle cuando colgaba del madero. ¿Salvarse de qué? ¿Del tormento? Pero si para esta hora había venido. Para apurar ese duro cáliz ofrecido por su Padre. El Señor fue obediente hasta el final. No ofreció resistencia alguna, como cordero llevado al matadero, con la diferencia de que Él sí era consciente de cuál sería su final. El cordero de Dios que quita el pecado del mundo se entregó a su propia muerte. Y aquel ladrón que reconocía estar en el mismo tormento que el Hijo de Dios, aceptaba que su propio castigo era merecido, pero no así el del Cristo. Y viendo a aquel inocente muriendo por él y por todos, comprendió que estaba ante un Rey, y que todo rey tiene reino y que quería, desde hoy mismo, ser parte de él.

  Los discípulos, apenas un puñado, están dispersos por el devenir de los acontecimientos. "¿Qué será ahora de nosotros?" Aquel por quien lo habían apostado todo. Aquel por quien habían dejado atrás tantas cosas. Aquel que había venido a poner “patas arriba” sus vidas porque había conquistado sus corazones; que provocó que fueran objeto de burlas, de desprecios, de miradas condenatorias, de enemistades…Aquel por quien habían sido puestos en el punto de mira de los poderes de la época…Había muerto. ¿Qué camino seguir? ¿Huir, esconderse, renegar de aquel “falso profeta”?... ¡Jamás! Él querría que estuviéramos unidos, unidos en oración, en oración junto con su Madre, aquella Madre de la Esperanza que había entregado también su vida junto con la de su amado hijo. Sobran las palabras. Es tiempo de silencio, porque Jesús ha muerto

  

“...vendrán días cuando el novio les será quitado. Entonces, en aquel día ayunarán”.

Mc.2:20


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