El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 20 de octubre de 2024

¿Qué quieres que haga por ti?




   Mc.10:35-45// “Concédenos sentarnos en tu gloria…” Si la petición se hubiera quedado ahí, es decir en el deseo de llegar a contemplar y participar algún día de la gloria eterna del Hijo en comunión plena con el Padre, no estaría mal. Es más, eso mismo es lo que todos deseamos. Es lo que coloquialmente llamamos “llegar al cielo” . Se lo tenemos de pedir al Señor continuamente, desearlo, anhelarlo, no hay nada más elevado a lo que podamos aspirar: sentarnos en la gloria de nuestro Señor. Señor, concédenos habitar donde Tú habitas, estar donde Tú estás, vivir en plena comunión contigo…Entonces, ¿dónde considero que se sobrepasaron los de Zebedeo? Cuando se atreven a exigir (“concédenos”) que se les siente a Su derecha y a Su izquierda, verdaderos puestos de honor en todo reino. El Señor no se escandaliza, pues conoce nuestros corazones, y toda petición del hombre, sea que vaya a concederla o no, que esté en línea con Su divina voluntad o no, es aprovechada por Él  para enseñarnos. “No sabéis lo que pedís”, porque muchas veces no comprendemos en qué consiste el Reino de los Cielos, es más, no sabemos cuál es el camino que se ha de recorrer para alcanzarlo y, alcanzándolo, para ocupar los puestos de mayor honor. San Maximiliano M. Kolbe deseó en su vida ser coronado con dos coronas, la blanca de la pureza y la roja del martirio. Ambas le fueron mostradas de niño por la Santísima Virgen, y ambas fueron por él aceptadas y abrazadas con valentía y decisión. Ese fue el camino que hubo de recorrer, su bautismo, para llegar a ser santo, “lo más santo posible”, porque, como él mismo decía, “la vida es corta”. 

   “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber…?” Ese es el camino de la gloria. No ciertamente la gloria terrena, pero sí la celestial, la única que debiera importarnos. La impetuosidad de los hermanos Santiago y Juan les lleva a no querer conformarse con el cielo, sino a desear ocupar el puesto de mayor honor al que un mortal pudiera aspirar. Desde luego que lo hacen en parte por su falta de consciencia, pero el Señor no les cerrará las puertas, no truncará su deseo, sino que les mostrará el camino que han de recorrer para alcanzarlo. “...y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar”. Sabemos el final de cada uno de estos apóstoles y cómo , efectivamente, se cumpliría la profecía de Jesús sobre ellos. Ese es el camino de los santos, el camino de los que ocuparán lugares de honor en el Reino, lugares que en nada tienen que ver con los que ostentan los poderosos del mundo, los cuales muchas veces los emplean para tiranizar y oprimir. El servicio, la humildad y el hacernos pequeños en favor del otro, son el lugar que nos corresponde aquí en la tierra. El trabajar, orar y sufrir por causa del Reino, es todo en lo que nos hemos de ocupar.  Ahora que  ya sabemos el camino de la gloria, el Señor te pregunta:  

¿Qué quieres que haga por ti?



Que Dios os bendiga,

Iván.

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