El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 3 de noviembre de 2019

Un buen padre

Del Evangelio según San Juan 4,46-53.

 [46]Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. [47]Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. [48]Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creéis.» [49]Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo.» [50]Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. [51]Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. [52]El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.» [53]El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia.


En el pasaje que nos ocupa vemos a un padre de familia preocupado por la salud de su hijo. Se entiende que la medicina no ha sido capaz de sanar la dolencia del pequeño y que el padre, desesperado, acude a uno de quien se dice que es capaz de sanar a los enfermos. Por el reproche de Jesús, entendemos que el padre busca a un sanador, y no a Dios mismo. Sin embargo, el salir a su encuentro y rogarle que actúe ante la enfermedad de su hijo, le valdrá la conversión. 
Pero quisiera primero reseñar de este pasaje el comportamiento del padre y lo que podemos aprender de él:

A. un buen padre está con su familia y en consecuencia es conocedor de lo que en ella acontece. Se implica;
B. un buen padre siempre vela por el bien de su familia. Cuando las cosas van mal se pone en movimiento, busca soluciones;
C. un buen padre no se rinde fácilmente y busca resolver los problemas que aquejan a los suyos. Si algo no funciona se acude a otra cosa;
D. un buen padre provee en lo material a los suyos, y vela por su salud e integridad física.

Sin embargo, y a pesar de que todo lo anterior es cierto, un buen padre no habrá completado su labor si no provee también espiritualmente por su familia, es decir, si no trabaja por la salvación de las almas de los suyos.
El funconario real del pasaje referido, buscando la sanación física de su hijo acudió a Jesús, quizás sólo como quien acude a alguien que obra signos, una persona que, según dirían, era capaz de sanar a los enfermos. Sin embargo, encontró algo mucho más grande que superó con creces la mera sanación física del niño. Lo que encontró este padre de familia fue la salvación de su alma y la de toda su familia: creyó él y toda su familia. 
En cuanto a la respuesta que da Jesús, pienso que se ha de entender como quien se queja de ser buscado, no por quien realmente es, sino sólo y exclusivamente por lo que puede hacer por uno. El funcionario real no acudió a Él por ser el Señor y dador de la Vida, sino por si pudiera resolverle un problema de salud. Seguramente esto se deba a que no sabía quien era realmente Jesús. Pero ese mismo reproche nos lo hace a nosotros, los cuales, habiendo conocido quién es y de dónde procede, con frecuencia sólo le tratamos cuando necesitamos que nos resuelva algún problema. Le buscamos para emergencias, no como a un amigo que, como tal, gusta de saber de nosotros frecuentemente, en las buenas y en las malas. 
Volviendo al pasaje, vemos que el Señor no necesitará acudir físicamente donde estaba el enfermo: vete, que tu hijo vive. Así manifiesta su divinidad. No toca al niño ni le aplica medicina alguna. Le sana desde la distancia. Y cuando mediante este signo, el segundo según el evangelista Juan, el Señor se manifiesta como quien realmente es, será cuando aquel que le ha ido a buscar, cree en Él y alcanza la salvación para sí mismo y para los suyos: Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Sin duda la más grande de las conquistas obradas por este padre, la cual siguió este esquema:

1. busca a Jesús
2. le ruega, le suplica (oración)
3. le llama "Señor"
4. cree en la palabra de Jesús y le obedece.

Creo que podemos quedarnos con este esquema porque nos da claves acerca de cómo ha de ser nuestro trato con el Señor.

Por último, añadir que como consecuencia de lo acontecido, la vida de esa familia a buen seguro jamás volvió a ser igual. ¿Podremos hacer algo más grande que trabajar por la sanación espiritual? Nuestro paso por la vida no es más que un camino de salvación. Hemos de implicarnos activamente no sólo en la nuestra, sino también en la de aquellos que han sido puestos a nuestro cargo. Pensemos, en el caso de los hijos, en la protección de su inocencia. ¿Acaso no pasa por el cuidado de sus almas? Con frecuencia nos afanamos porque deseamos que nuestros hijos coman lo más sano posible, vistan y se vean guapos y saludables, sean inteligentes y saquen buenas notas, y sin embargo descuidamos lo único que trascenderá esta vida presente: sus almas. Y, en ese descuido, les exponemos continuamente a situaciones que atentan contra la inocencia con la que todo niño nace: mediante el visionado de vídeos y películas llenos de contravalores, la escucha de música con un lenguaje inapropiado, la práctica de bailes llenos de sensualidad, la publicación de sus fotos en las redes...Ante todo eso un buen padre ha de estar decidido a luchar, a oponerse, a resistir, ¡por el bien de sus hijos!, aunque ello suponga ir en ocasiones contracorriente. ¿Tendría consecuencias para este funcionario real el hecho de acudir a Aquel que se decía verdadero Rey? Pues posiblemente, si bien el texto nada nos dice al respecto, pero poco le importaría comprometer su posición porque sin duda el bien que obtuvieron él y los suyos fue mucho más grande.

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