El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

martes, 27 de agosto de 2019

El camino de una vida plena

   Vivimos en un tiempo en donde proliferan los libros de autoayuda así como los de búsqueda de la plenitud personal. Todos ellos están llenos de soflamas del estilo: "tú puedes", "consigue todo lo que te propongas", "alcanza tus sueños" o "que nada te pare"...Son mensajes motivadores, sin duda, el problema es que si perdemos de vista la realidad de nuestras capacidades y buscamos metas excesivamente alejadas podemos llevarnos un chasco no pequeño. Por otro lado, movidos por estas ideas positivistas del "nada es imposible", hay personas que cuando alcanzan aquello por lo que tanto lucharon (lo cual es siempre loable, por cierto) se dan cuenta de que no era para tanto, es decir que desde esa cima sigue sin vislumbrarse la plena felicidad. Porque al fin y al cabo es de eso de lo que estamos hablando: de la felicidad plena de la persona.
Si algo voy entendiendo de esta vida, es que la felicidad tiene que ver más con EL OTRO que conmigo mismo; con el tú que con el yo; que para que yo sea verdaderamente feliz, es más rápido y seguro el camino del dar que el del recibir; que seguir la senda del servicio es mucho más eficaz en la búsqueda de la felicidad que la del "autoservicio"; que vivir para servir, es apuesta segura hacia la plenitud de vida.

   Vivir para uno mismo no deja de ser una cuesta abajo que nos puede llevar a la autodestrucción. Claro está, al mundo eso no le importa nada, y es por ello que no ahorra esfuerzos en decirte lo que debes de hacer para sentirte más feliz y menos deprimido. Vivimos engatusados por las modas, las corrientes y lo que puedan opinar de nosotros. Vivimos una vida encorsetada, asfixiante en no pocos momentos...(A menos que seas de los que no se resisten y se dejan llevar por lo que dicta el momento). Si no tienes esto, si no has viajado a tal lugar o visto aquello, o si nos has hecho tal cosa (todo ello debidamente atestiguado por las redes) eres un infeliz. Y más aun ahora que estamos en el momento del "tú puedes", "consigue todo lo que te propongas", "alcanza tus sueños", y bla, bla, bla...

   En casa vivimos nueve personas, y cuando una sola de ellas se encuentra mal, yo me encuentro mal; por contra, si todas ellas están bien, yo estoy bien. Cuando todas ellas ríen de alegría, yo río con ellas; cuando una sola sufre y llora, yo sufro con ella...Dicho de otra forma: me he dado cuenta de que no puedo ser feliz si los que me rodean no lo son (por muchos libros de autoayuda que pudiera leer). En consecuencia, intuyo que hay una lección de vida detrás de esto. Algo me dice que debo de olvidarme un poco de mí, y dedicarme más a que "el otro pueda", a que consiga todo lo que SE proponga, a que alcance SUS sueños, y a que nada LE pare. No se trataría tanto de vivir para mí, como de vivir para EL OTRO...





-Si no vivimos para servir, no servimos para vivir.
Sta. Madre Teresa de Calcuta.

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