Salmo 117,2. Porque fuerte es el amor del Señor por nosotros, y su verdad es para siempre.
Qué grandes cosas se dicen en este pequeño versículo, que pertenece a su vez al más corto de los salmos. Un salmo que nos invita a alabar al Señor por dos motivos: por su Amor y por su Verdad.
¿Cómo es el amor de Dios? El amor de Dios es fuerte, es firme. ¿Y hacia quién se dirige? Hacia nosotros, sus hijos. Dice el apóstol San Pablo que nada nos separará del amor de Dios (Ro. 8, 38-39). Esta afirmación hemos de guardarla firmemente en nuestro corazón, como un tesoro. Tú y yo podríamos llegar a renegar de la fe y dejar de amar al Señor, ya fuese por un tiempo o incluso para siempre. De hecho, la vida de fe requiere de una decisión consciente y firme de seguir adelante ¡cada día! Se trata de algo que requiere dedicación, que precisa que se trabaje en ello. (Flp. 2:12). Pero Dios, nuestro Padre y Señor, seguirá amándonos independientemente de la respuesta que nosotros demos a ese amor. Sí pero, ¿cómo sabemos que esto es cierto, es decir, qué ha hecho Dios para mostrarnos su amor? Bueno, sería sencillo responder que, puesto que es la palabra de Dios la que lo afirma en este versículo, y puesto que además añade que Su Verdad es para siempre, entendemos que es una verdad eterna: Dios te ama.
Tratemos no obstante de buscar más pruebas. Dios nos demuestra su amor:
1. En todo lo creado y en el sostenimiento de esa misma creación: y es que es en Cristo que todo se sostiene ( Heb. 1:3). Si no fuera así, tiempo ha que este mundo surgido aparentemente del más afortunado de los azares, habría desaparecido.
2. Nos muestra su amor en el hecho de que tú formas parte de esta creación y por ende, su sostenimiento se debe a ti, y a mí, y a todos sus hijos.
3. En que, a pesar de ser pecadores, Él murió por nosotros. (Rom. 5,8) y
4. en que Dios siempre espera nuestro arrepentimiento para concedernos su perdón. No importa las veces que le neguemos, basta un sincero arrepentimiento, un deseo verdadero de querer estar a bien con Él, en gracia de Dios, para poder empezar de nuevo. Las puertas de su casa están siempre abiertas, y no duda en preparar un banquete para aquel hijo que vuelve. Su amor por nosotros es fuerte.
Dice también el versículo en su segunda parte que Su verdad, (su fidelidad en algunas traducciones), es para siempre.
Para poder hablar de la verdad de alquien he de saber qué dice esta persona, es decir, de qué supuesta verdad hablamos. Jesús mismo dirá en el evangelio según San Juan que la palabra de Dios es verdad, tu palabra es verdad. Y si esto era verdad hace dos mil años, es más, si la palabra de Dios era cierta hace 3500 años, cuando se estima comienza a escribirse la Biblia, no puede dejar de ser cierta ahora. Entre otras cosas porque Dios es inmutable. Si además añadimos que fue la Palabra de Dios quien obró la Creación, y que es esta misma palabra (el Logos) quien la sostiene hasta el día de hoy, deduciremos que su palabra sigue actuando ahora como entonces, y por tanto su palabra es verdad, la verdad eterna (véanse Génesis cap 1 y S.Juan cap. 1).
Dios es fiel, y por ello cumplió y cumplirá su palabra. Si esto no fuera así, ésta dejaría de ser verdad y Él, no sería fiel.
El hombre por su parte pretende establecer qué es la verdad y qué no lo es; explicar dónde está lo correcto y dónde no; qué cosas son malas y cuáles no...
Aprovecho este comentario para unirme a todos aquellos que han sabido ver y denunciar, que en estos tiempos se están dando nuevas corrientes de pensamiento, que son horneadas en las cocinas de las altas esferas mundiales, distribuidas por las naciones a golpe de talón, y que se pretenden imponer por vía sancionadora si fuese necesario al resto de los mortales, independientemente de la opinión, la moral o las creencias de cada uno. Ante estas injerencias la persona de a pie no puede por más que sentirse un títere. Ideas que atentan contra toda verdad revelada y observada por milenios en la misma naturaleza , son puestas en duda en favor del interés de unos pocos. Ahora, como siempre (pues en realidad estos intentos de colonización ideológica, con diferentes caras, son tan antiguas como el hombre) es preciso que la persona tenga muy claro lo que es y en qué cree. El cristiano, por su parte, deberá acudir a las bases sobre las cuales se sustenta su condición de creyente. Mostrarse firme en la fe y en el conocimiento de la palabra de Dios, sabiendo que en Éste reside la verdad eterna. Y en medio de la batalla no lo olvidemos: ¡Su amor por nosotros es fuerte! Fiel es Aquel que lo afirma.
Amén.
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