El que cree en el Hijo, tiene vida eterna. (Jn. 3:36)

domingo, 9 de junio de 2019

No tardes

   ¡No retrasen la confesión! Si algo he aprendido en los años que llevo caminando con Cristo es que la confesión le hace al cristiano mucho bien. Si has vuelto a tropezar en ese pecado que te abruma, y te da vergüenza acudir de nuevo al sacerdote; si esperas porque sientes que estás tan débil en este asunto que podrías volver a sucumbir a la tentación en poco tiempo...Sea cual sea el motivo por el que pienses que has de retrasar tu paso por el sacramento de la reconciliación, no lo hagas. Acude a él cuanto antes, pues no es lo mismo llegar al hospital habiendo recibido un golpe en la cabeza que malherido por haber recibido una paliza. Sí, desde luego que Él te perdonará y te restaurará, pero las secuelas no serán las mismas, el proceso de recuperación será mayor.
Dice el autor de Eclesiástico en el cap. 5:7. " No tardes en convertirte al Señor, ni lo dejes de un día para otro". Y una vez te hayas confesado...¡No esperes para ir a comulgar!

   Otra gran lección que he aprendido: el Señor puede hacer mucho más por ti cuando encuentra un alma limpia en la que habitar; el Señor puede crecer en ti cuando halla un corazón puro, sencillo, perdonado...¡¿Cuántas veces sentimos que participar de la mesa del Señor no nos ha hecho ningún beneficio espiritual, que no nos ha aportado nada, que no nos ha hecho crecer, que seguimos estancados y que pronto volveremos a caer en el mimo hoyo?! Quizás haya llegado el momento de preguntarse: ¿Cuánto tiempo pasa habitualmente desde que te confiesas hasta que recibes al Señor? Dicho de otra manera. ¿Te confiesas a menudo?¿No será que en muchas de las ocasiones, por no decir en la mayoría de ellas, no le recibimos con la dignidad que se merece? ¡¡Cristo fue gestado y nacido del vientre de un alma pura!! No pensemos que esto fue por casualidad; era absolutamente necesario que así fuera. Cristo sólo puede crecer en donde no hay pecado, por ello será necesario que nuestra participación del Cuerpo y de la Sangre del Señor venga precedida de una confesión reciente. De esta forma el comulgar será de provecho espiritual para nosotros, sólo así podrá producir fruto de santidad, nos ayudará a crecer y, por otro lado, nos alejará de la posibilidad de participar de forma indigna, práctica contra la que el apóstol San Pablo se pronuncia en 1Cor. 11. 
   ¡Conviértete! ¡Confiésate! ¡Y acércate al Sacramento cuanto antes! A mí personalmente, cuando avanzo lentamente por la fila que me lleva hasta Él para recibirle, me gusta acordarme de aquella que le llevó en su vientre 9 meses...

   Quizás algún hermano protestante podría alegar que no cree en los sacramentos a los que hago referencia en este pensamiento. No pasa nada. Lo que trato de decir aquí es que es necesario que busquemos un arrepentimiento sincero cuanto antes, tras haber cometido una falta. Que no perdamos el tiempo con lamentos ni tratemos de salir de dicha situación por nuestras propias fuerzas. El adoptar cualquiera de esas dos posturas nos llevará de nuevo al fracaso. ¿No crees en el sacramento de la confesión? Perfecto, pero tienes hermanos que estarán encantados de escuchar tus faltas; eso te hará bien a ti y les hará bien a ellos. Cuidado, no elijas a cualquiera. Busca a alguien de confianza, probado en las cosas del Señor. Otra opción, quizás mejor que la anterior, será acudir al pastor de tu iglesia. Sea como fuere, ¡confiesa tus faltas! Stg. 5:16. Pues no solo le faltamos al Señor cuando pecamos, sino a la iglesia entera.
Además, dirás, no creo en el sacramento del Altar. De igual manera. Ya sea que asistas a una iglesia en donde se celebra la Santa Cena un vez al mes, como cada domingo, trata de no acercarte a esa celebración sin antes haberte puesto sinceramente en manos de Dios.  Todos, católicos y protestantes, buscamos crecer en santidad, y pienso que estas recomendaciones podrán ayudarnos.

En el Señor,
Iván.




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